Curaduría sin tema impuesto
Cada edición parte de una pregunta abierta, no de una consigna. Los programadores ven las piezas completas antes de decidir y dejan constancia escrita de por qué entran o no en la selección.
La historia del festival se entiende mejor como una serie de decisiones pequeñas, tomadas casi siempre con pocos medios y mucha obstinación. Cada etapa dejó una huella concreta en la manera de programar, restaurar y conversar con el público.
2016 - 2017
Todo empezó con una convocatoria abierta a vecinos y estudiantes de imagen. Se recibieron cuarenta y dos cortos en formato digital y varios rollos de 16 mm que nadie sabía muy bien cómo proyectar. La sede fue una antigua carpintería en Carrer de Quart, cedida durante tres días.
La decisión clave fue no separar las piezas experimentales del resto del programa. Esa mezcla, incómoda para algunos, definió desde entonces el carácter del festival.
2018 - 2020
Llegaron las primeras bobinas familiares: grabaciones domésticas, celebraciones, viajes en coche. En lugar de tratarlas como material secundario, se creó un taller de digitalización que funcionaba en paralelo a las sesiones. El público podía ver cómo se limpiaba y escaneaba una película antes de volver a verla en pantalla.
De ahí salió la sección Memoria Doméstica, hoy una de las más reconocibles del certamen.
2021 - 2023
La irrupción de las webcams y las cámaras de vigilancia en la vida cotidiana empujó una nueva línea curatorial. Se abrieron coloquios sobre intimidad filmada, consentimiento y dispositivos pensados para otros fines. Varias piezas seleccionadas en esos años siguen circulando en ciclos invitados.
También se consolidó el equipo estable de programación, con perfiles que vienen del montaje, la restauración y la docencia.
2024 - hoy
Hoy el festival mantiene su sede en Carrer de Quart 91 y trabaja con una red de colaboradores que incluye talleres de barrio, escuelas de cine y colectivos de preservación. La programación combina estrenos, recuperaciones y sesiones de escucha.
Lo que no ha cambiado es el criterio: cada pieza debe poder sostener una conversación después de la proyección. Si no la sostiene, no entra.
El festival nació en 2016 en un local cedido del barrio de Quart, con una idea sencilla: dar espacio a cortometrajes que no encajan en las categorías habituales. Hoy seguimos siendo un equipo pequeño, con programadores, técnicos de archivo y vecinos que prestan sus cámaras antiguas para los talleres.
Trabajamos con piezas rodadas en 16 mm, DV, webcam o móvil, sin jerarquía entre formatos. Lo que nos interesa es cómo cada autor piensa la relación entre una persona, su memoria y la tecnología que la rodea.
Cada edición parte de una pregunta abierta, no de una consigna. Los programadores ven las piezas completas antes de decidir y dejan constancia escrita de por qué entran o no en la selección.
Los derechos de proyección se acuerdan por escrito, con copia para cada parte. Si una pieza se retira, se comunica al público antes de la sesión y se explica el motivo en la web.
Las sedes son espacios con acceso sin escalones y subtitulado en castellano y valenciano. Colaboramos con comercios de Carrer de Quart para que las proyecciones no se concentren solo en el centro.
Empezamos proyectando en una sala de 40 butacas. En 2019 sumamos el Centre Cultural de Quart y, dos años después, la Filmoteca de Valencia nos abrió su sala para las sesiones de archivo. Esa mezcla de espacios sigue definiendo el tono del festival: cercano, sin protocolo excesivo, con tiempo para conversar después de cada pase.
El equipo estable lo forman seis personas y cada edición se incorporan voluntarias del barrio para la producción y la atención al público. No hay una figura de director único: las decisiones de programación se toman en reunión y se registran en actas que cualquiera puede consultar.
El festival no apareció de golpe. Estas son las etapas que marcaron su manera de programar, de restaurar materiales y de abrir los procesos al barrio de Quart.
2019
Un grupo de cinco personas proyectó ocho cortos experimentales en una sala cedida. Sin jurado ni premios: solo una lista de correo y ganas de discutir lo visto. De ahí salió el criterio de que cada sesión tuviera un coloquio abierto.
2021
Familias del barrio empezaron a traer bobinas de 16 mm guardadas en armarios. El equipo aprendió a limpiarlas, escanearlas y catalogarlas sin alterar el material original. Ese archivo vivo se convirtió en una sección propia del festival.
2022
La convocatoria se abrió a piezas donde la banda sonora construye el relato en lugar de ilustrarlo. Grabaciones de campo, voces sintetizadas y silencios largos entraron en la programación y en las mesas de mezcla comentadas.
2023
Tres realizadoras discutieron con el público cómo las webcams, las cámaras de vigilancia y las pantallas de móvil cambian la puesta en escena de lo íntimo. La sesión dejó preguntas abiertas que aún guían la selección del año siguiente.
2024
El festival fijó su sede y un calendario de actividades repartido entre proyecciones, talleres y encuentros. La estructura actual mantiene la idea inicial: pocas piezas, bien cuidadas, y tiempo suficiente para conversar después de cada pase.
Detrás de cada edición hay instituciones, colectivos y espacios que ceden salas, equipos o archivos. Estas son las entidades con las que trabajamos de forma continuada y lo que aportan en concreto.
Cede copias en 16 mm y facilita la mesa de digitalización para el taller de preservación. Su equipo técnico acompaña las sesiones de catalogación abiertas al público.
Acoge los coloquios de tarde y la sala de escucha de Sonido Expandido. Es la sede principal del barrio y donde se celebran las proyecciones de acceso libre.
Colabora en la identidad gráfica de cada edición y en los talleres de montaje para estudiantes. Varias piezas de la sección Emergentes salen de sus aulas.
Aporta material documental y fotografías de barrio que se proyectan como contexto antes de algunos cortos. El acceso se gestiona con cita previa.
Emite las piezas sonoras del festival y graba entrevistas con las realizadoras durante la semana de programación. También presta equipo de microfonía.
Coordina la logística de los espacios abiertos y difunde la convocatoria entre las familias que ceden bobinas domésticas para el archivo vivo.