Coloquios y debate
Tecnología doméstica: la intimidad filmada en pantallas pequeñas
Notas desde el coloquio sobre dispositivos y afectos
Publicado el 14 de marzo de 2025 · Centre Cultural de Quart, Valencia
La sala pequeña del Centre Cultural de Quart se llenó una tarde de jueves para escuchar a tres realizadoras que llevan años trabajando con herramientas que no fueron diseñadas para el cine. Webcams de portátiles viejos, cámaras de vigilancia recicladas, pantallas de móvil grabadas con otra cámara. El punto de partida del coloquio era sencillo: ¿qué pasa con la intimidad cuando el dispositivo que la registra está pensado para vigilar, comunicar o simplemente estar ahí?
La primera intervención abrió el debate sobre la puesta en escena. Cuando la cámara vive dentro de casa, sobre la mesa o colgada de una estantería, el encuadre deja de ser una decisión puntual y se convierte en una rutina doméstica. Las tres autoras coincidieron en algo: filmar lo cotidiano con estos aparatos obliga a negociar constantemente con lo que queda fuera, con lo que el propio dispositivo decide recortar sin pedir permiso.
Dispositivos que miran de otra manera
Buena parte del encuentro giró en torno a la cámara de vigilancia. Una de las realizadoras explicó cómo reutiliza grabaciones de un sistema antiguo de su edificio para construir pequeñas piezas de dos minutos. El resultado no es denuncia ni documento: es una forma de mirar el pasillo, la escalera, la puerta de casa como si fueran decorados que llevan años esperando a alguien. El público preguntó por los permisos, por los vecinos, por la ética de reutilizar imágenes que nadie pensó que acabarían en una sala de proyección.
La respuesta no fue concluyente. Surgieron más preguntas que certezas: ¿basta con difuminar un rostro para que la imagen deje de pertenecer a alguien? ¿Cambia el sentido de un plano cuando lo sacamos del contexto para el que fue grabado? Nadie quiso cerrar el tema, y quizá eso fue lo más honesto de la tarde.
Lo íntimo en pantallas pequeñas
El segundo bloque se centró en el móvil. Aquí el debate se desplazó hacia el gesto: la mano que sostiene, el pulgar que graba, la respiración que se cuela en el audio. Una de las participantes mostró fragmentos de un corto rodado íntegramente en vertical durante un año, con la misma persona grabándose cada mañana. Lo interesante no era el contenido, sino la repetición: el dispositivo se convierte en testigo de un hábito, y el hábito, con el tiempo, empieza a parecerse a un retrato.
Se habló también de la fatiga. Trabajar con estas herramientas durante meses desgasta la relación con la propia imagen. Varias voces del público señalaron que ya no distinguen entre grabar para recordar y grabar para publicar. La pregunta quedó flotando: ¿qué queda de lo íntimo cuando el dispositivo que lo captura es el mismo que usamos para todo lo demás?
Preguntas que siguen abiertas
El coloquio terminó sin conclusiones cerradas, que era más o menos lo previsto. Quedaron sobre la mesa algunas ideas para seguir pensando: la diferencia entre archivo personal y archivo involuntario, el papel del montaje cuando el material viene de fuentes domésticas, y la posibilidad de filmar lo cotidiano sin convertirlo en espectáculo. Las tres realizadoras volverán al festival en la próxima edición con nuevas piezas, y probablemente con nuevas preguntas.
La crónica completa del encuentro, junto con fragmentos de las piezas proyectadas, se puede consultar en la sección de secciones del festival. Para quienes quieran seguir el hilo de estos debates, el archivo de notas y crónicas recoge las sesiones anteriores.